San Miguel de Valero

San Miguel de Valero es un punto del que parten caminos hacía varias localidades cercanas, El Tornadizo, Monleón, San Esteban de la Sierra, Valero, Linares de Riofrío, o al paraje conocido como las Quilamas limítrofe con Navarredonda de la Rinconada y La Bastida.

Su casco urbano es representativo de los pueblos serranos, aunque haya perdido parte de su fisonomía tradicional, la parte alta del municipio es donde mejor se conserva esta. Tanto en la trama urbana con calles sinuosas y estrechas como en la forma de construir las viviendas se observan las claras influencias árabes aunque se dejan ver las adaptaciones a los tiempos actuales, con la ampliación hacia la carretera, y las casas más modernas y de nueva construcción salpicadas por las calles del centro. Junto a las viviendas de nueva construcción también se pueden ver construcciones tradicionales, con materiales como la piedra y balconadas de madera, y casas con corrales.

No hay que olvidar que la ganadería, sobre todo el caprino, tuvo gran importancia en este municipio serrano, así como el ganado asnal, que servía para el transporte de los frutos de los huertos para el autoconsumo familiar, y los viñedos, de ahí que se conserven corrales y cuadras para albergar los animales.

De entre el patrimonio arquitectónico de San Miguel de Valero, destaca su Iglesia Parroquial de San Miguel, del siglo XVII, construida bajo la advocación de San Miguel Arcángel, conserva un artesonado mudéjar, conservado del antiguo templo, que fue ampliado quedando como está en la actualidad, pórtico al norte y sencilla espadaña.
De las imágenes del altar mayor destacan las de Santa Águeda, San Miguel, San Blas, La Dolorosa y un resucitado.
También conservan una imagen de la Virgen de la Pera, llamada así por sujetar entre sus manos este fruto.

Tradición apícola...

Hasta el siglo XVI, el calendario apícola era estable en San Miguel de Valero. En verano, se cazaban enjambres que se alojaban en colmenas de corcho. A finales del verano, se separaban la miel y cera. En otoño, las colmenas restantes se alimentaban para el invierno.

Aunque la Sierra era propicia para la apicultura, Valero y San Miguel destacaron por su dedicación. Muchas familias tenían colmenas como fuente de ingresos y consumo propio. Algunas practicaban la "trashumancia de colmenas" hacia Extremadura, buscando floraciones tempranas y especialización melífica en las dehesas.

La comercialización de la miel se realizaba mediante "mieleros", apicultores que, con carros y caballerías, vendían a granel en pueblos y ciudades como Salamanca.

La práctica de recolección de polen es una adición reciente en la apicultura. Antes, no se conocía el simple mecanismo actualmente utilizado, conocido como "caza polen", que consiste en un estrechamiento en la entrada de la colmena. Este estrechamiento induce a las abejas a liberar el polen que llevan pegado a sus patas traseras.

La Cooperativa "Reina Kilama", fundada en 1997 por 25 socios apicultores. Cuanta actualmente con más de 120 socios apicultores, convirtiendo a Salamanca en la mayor productora de polen en Europa.

La apicultura no solo sostiene económicamente a familias en zonas de montaña, sino que también tiene un valor ambiental al promover la polinización cruzada y mejorar la biodiversidad.

La miel, rica en vitaminas y minerales, se clasifica según aroma, color y sabor. El polen se caracteriza por sus propiedades nutritivas, y la cera, por sus diversos usos, contribuyen a la diversificación de productos apícolas.

En la actualidad, se extiende el uso a productos cosméticos con base en miel o polen, aprovechando no solo su valor tradicional sino también sus propiedades terapéuticas y nutritivas.